Sumario Chistes Catón No. 2

¿Por qué la escoba anda siempre tan contenta? Respuesta: porque su esposo es recogedor.

Una joven mujer de Buenos Aires le dijo a su marido: “Me gustaría hacer el amor afónica”. “¿Afónica? -se sorprendió el che-. ¿Qué querés decir?”. Explica ella: “Sin vos”…

Dulcilí, romántica muchacha, le dice a su galán: “¡Me gustaría poner una luz en tu vida, Volupticio!”. Sugiere él: “Entonces vámonos a lo oscurito”…

Usurino Matatías, sujeto avaro y cicatero, le contó a un amigo: “Mi mujer me pidió para su cumpleaños una tele con pantalla más grande que la que tenemos. Lo que hice fue acercarle más la silla al televisor”. (¡Ni siquiera sillón le tenía a su esposa el desdichado!)…

“Un terapeuta sexual opina que el estrés producido por el adulterio puede causar en las personas adúlteras una neurosis con síntomas como el de la sordera”. Don Astasio le contó eso a su esposa. Y respondió ella: “¿Cómo dices?”…

Avaricio Matatías, hombre muy agarrado, le ordenó a su hijo que fuera a la casa de su amigo, Usurino Cenaoscuras, igual de cicatero, y le pidiera su martillo para clavar un clavo. Regresó el muchacho: “Dice que no te presta el martillo, porque se le gasta”. “¡Habrase visto! -se indigna Avaricio-. ¡Lo que hacen algunos por conservar lo suyo! ¡Ahora tendremos que usar nuestro propio martillo!”…

El asustado piel roja, Oso Mayor, trataba de calmar a su furiosa esposa: “¡Te juro que no es lápiz labial, Osa Rugiente! ¡Es pintura de guerra!”…

Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, llegó a su casa y encontró a su mujer haciendo las maletas. “Me voy -le dijo ella sin más-. Durante 15 años he aguantado tus malos tratos, tus infidelidades, tu irresponsabilidad. Eres un perfecto canalla, un perfecto cínico, un perfecto holgazán”. “Por Dios, mujer -contestó él, ruboroso-. Me abruman tus palabras. Nadie es perfecto”.

Capronio salió de vacaciones con la familia, en automóvil. Su suegra iba gritando como loca; lanzaba terribles alaridos y formidables ululatos. Las tremendas voces de la mujer no dejaban manejar al conductor. Detiene Capronio el vehículo, desciende de él, abre la cajuela y le dice a su suegra: “Está bien, ya no grite; véngase acá con nosotros”.

Desapareció de su casa Astatrasio Garrajarra, sujeto muy aficionado al vino. Pasaron muchos años sin que nadie supiera de él. Su esposa lo daba ya por muerto cuando un buen día regresó Astatrasio. “¡Santo Dios! -exclama estupefacta la señora al verlo-. ¿Dónde andabas? ¿Qué fue de ti todo este tiempo?”. Replica el temulento con tartajosa voz: “¿No te dije que iba a una fiesta de 15 años?”.

…”.¿Por qué Pinocho no sabe quién es su papá? Porque está hecho de varios palitos.

El enamorado galán le dice con vehemencia a su linda noviecita: “¡Susiflor! ¡Leo en tus ojos la pureza; leo la candidez, la castidad y la inocencia; leo el candor de una virgen!’’. “¡Ay, Simpliciano! -contesta la muchacha-. ¡Si serás analfabeto!’’…

En una reunión de parejas las esposas se quejaban de que sus maridos no salían con ellas. Declara Capronio, sujeto ruin y desconsiderado: “En cambio yo llevo a mi mujer a todas partes. Pero ella siempre encuentra el camino de regreso”…

Susiflor le contó a una amiga: “Mi novio y yo rompimos nuestra relación. Él quería casarse, y yo me opuse a que se casara”…

En una noche sin luna el amigo de Babalucas asoma por la ventana y le dice al tonto roque: “Está muy oscuro ahí afuera ¿verdad?”. “Quién sabe -contesta el Babalucas-. No se ve nada”.

“¿Con cuántos hombres has dormido?”. Esa imprudente pregunta le hizo Simpliciano, joven sin mucha ciencia de la vida, a su reciente esposa, Pirulina. Contestó ella: “Nada más contigo he dormido, mi amor. Con los otros no pegaba el ojo en toda la noche”.

Un bondadoso caballero vio a un anciano que, sentado en la banca del parque, tenía en las manos una caña con anzuelo, en actitud de estar pescando. Pensó el caballero que el pobre sufría demencia senil, y en su mansa locura evocaba sus felices días de pescador. Se sentó junto a él y le entregó un billete de 50 pesos. “Tenga, buen hombre -le dijo-. Compre carnada para su anzuelo”. El anciano aceptó el dinero, agradecido. “Y dígame -inquirió con ternura el bondadoso caballero-, ¿cuántos ha pescado hoy?”. Responde el viejecito: “Con usted van seis”.

Don Poseidón, ranchero dineroso, enfermó de gravedad. En torno de su lecho se juntó su profusa -y ávida- parentela. De pronto don Poseidón abrió los ojos, y en su delirio empezó a gritarles con estentórea voz: “¡Largo de aquí, buitres! ¡Salgan inmediatamente, malditos ambiciosos! ¡Fuera de mi vista, zopilotes, sierpes venenosas, hienas, chacales, gente sin dignidad y sin pudor!”. Dice el médico: “El señor se va a aliviar. Ya empieza a reconocer”…

Algunos hombres se resignan al matrimonio con tal de tener sexo. Algunas mujeres se resignan al sexo con tal de tener matrimonio.

Un caracol asaltó sexualmente a una tortuga, y abusó de ella seis horas seguidas. Le preguntó la Policía: “¿Podría usted identificar a su agresor?”. “Difícilmente -responde la tortuga-. ¡Todo sucedió tan rápido!”…

Un sujeto bebía en el bar su copa, solitario. Le dice al cantinero con pesaroso acento: “Dos veces me he casado, y tuve problemas con mis dos esposas. La primera me dejó, y la segunda no me ha dejado”…

Babalucas iba a jugar su partido semanal de futbol. Le pregunta su esposa. “¿No te vas a bañar antes de ir al juego?”. “No -contesta el tonto roque-. El entrenador me dijo que hoy debo jugar sucio”…

Rosibel, secretaria de don Algón, le pregunta: “¿Quiere que le traiga su cafecito?”. Pregunta él a su vez: “¿Está caliente?”. Con un mohín de coquetería replica la muchacha: “¡Ay, señor! ¡Ya va a empezar usted con sus cosas!”…

Estaba en la fiesta una chica de mucha pechonalidad. Quiero decir que era dueña de un busto ubérrimo, opíparo, espléndido, pletórico. Va hacia ella un individuo y la saluda: “¡Hola, tocayita!”. Ella se extraña. “¿Tocayita? -repite-. ¿Cómo te llamas?”. Responde el tipo con una gran sonrisa: “Zenón”…

Babalucas andaba muy contento. “¡Ayer fue mi día de suerte! -comentó-. Fui a una casa de mala nota, vi a mi esposa bailando ahí ¡y ella no me vio!”…

Una señora le comentó a otra: “Mi marido es un ángel”. “Pues tienes mucha suerte -replica la otra-. El mío todavía vive”. Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, le ordenó a su mujer: “Ponte el abrigo. Voy a salir”. “¿Y me vas a llevar?” -preguntó ella, ilusionada. “No -contestó el vil sujeto-. Voy a apagar la calefacción”.

¿Cuál es la diferencia entre una boda y un divorcio? Respuesta:  En la boda todo es arroz, y en el divorcio todo es paella.